CONSPIRACIONES, VACAS Y EXPERIMENTOS GENÉTICOS

 

JAVIER ARMENTIA*

 

Durante el pasado decenio, se puso de moda en Estados Unidos acusar a los extraterrestres de las mutilaciones de ganado que sucedían en el Medio Oeste. Las vacas aparecían muertas, sin sangre, con agudas incisiones en sus partes blandas y órganos vitales. Casos inexplicados que, avivados por la prensa sensacionalista y paranormal, entraron también a formar parte del mundo de los platillos volantes.

De nada valió que los casos fueran explicables como muertes naturales y la posterior acción de pequeños depredadores (como las ratas). La explicación más colorista de que los extraterrestres necesitaban la sangre de las vacas para sobrevivir fue aceptada por muchos ufólogos como parte de una conspiración a gran escala, que incluye experimentación genética con humanos y bases supersecretas en las que terrestres y extraterrestres comparten tecnología. Por ejemplo, en Nevada se menciona a menudo el Área 51, un lugar donde algo oscuro, secreto y terrible se hurta al conocimiento del público.

Curiosamente, las pruebas de todo esto consisten en documentos falsificados, afirmaciones de personas que luego acaban en tratamiento psiquiátrico y la consabida colección de fotos borrosas. El mito ovni se ha dejado vestir también con las teorías de grandes conspiraciones: desde la muerte de JFK a un gobierno mundial «en la sombra», control mental de personas mediante implantes craneales que son comandados mediante ondas de baja frecuencia y un largo etcétera de fenomenologías dignas de la serie Expediente X (que por cierto utiliza a menudo este folklore en su ficción).

Los creyentes en todo esto, denominados conspiranoicos, alimentan su fe contra todas las pruebas en contra. Un ejemplo: cuando apareció la famosa película de la autopsia extraterrestre el año pasado, todos ellos apoyaron su veracidad porque confirmaba sus teorías de conspiraciones entre militares y extraterrestres. Cuando se vio claramente que todo era un fraude, empezaron a acusar a los militares de hacerlo para establecer una cortina de humo que desprestigiara a los investigadores a la vez que ocultar la verdad. Y quienes intentan evidenciar la falta de rigor de todas estas paranoias, también son acusados de ser agentes de la CIA, como le ha sucedido incluso al autor de este dossier.


* JAVIER ARMENTIA es astrofísico, director del Planetario de Pamplona y presidente de ARP - Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

 

© Copyright 1997 Javier Armentia

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