DESCLASIFICACIÓN OVNI:

LA MANIPULACIÓN SENSACIONALISTA

 

RICARDO CAMPO PÉREZ*

 

Desde sus inicios, en 1992, el proceso de desclasificación llevado a cabo por el Mando Operativo Aéreo (MOA) del Ejército del Aire fue objeto de duras críticas por parte de los medios comerciales que basan su existencia en la divulgación sensacionalista. Existe un amplio y productivo mercado en torno a las supuestas visiones de fenómenos extraños -asociados en la mentalidad popular a aeronaves de procedencia extraterrestre e implícitamente defendidos como tales por estos medios amarillistas-, de tal forma que continuamente se hacen eco de nuevos avistamientos, que transcurrido un tiempo caen en el olvido y no se publica jamás explicación alguna para el supuesto misterio, cuando es sabido que la inmensa mayoría de estos sucesos tiene una explicación prosaica. Cuando el informador no tiene escrúpulos, comercia con la credulidad de la mayoría (ver Los 'desinformadores' con nombres y apellidos).

El periodismo ufológico ha generado diversas leyendas dentro del gran mito de los ovnis. Entre ellas, se encuentra la ocultación oficial de información trascendental al gran público. En el mundo ufológico, tal proceder se suele denominar con el término anglosajón cover-up. En España, tal ocultación habría consistido en la negativa de las autoridades castrenses a hacer público el archivo que conservaba el estado Mayor del Aire. Fue en 1992 cuando el archivo fue transmitido al Mando Operativo Aéreo, en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid): se avecinaba el inicio del proceso de desclasificación, que concluyó en noviembre de 1996. Pero los cultivadores del misterio no podían permitir que tal iniciativa se desarrollase armoniosamente y desde sus inicios lanzaron una campaña de desprestigio -concretada en múltiples calumnias y acusaciones de que se estaba censurando y manipulando la información antes de ser entregada- contra el proceso de desclasificación, sus responsables militares y el principal impulsor civil del mismo, el investigador valenciano VICENTE-JUAN BALLESTER OLMOS. Vamos a ver tres ejemplos de esta injustificada campaña de desprestigio.

El primero hace referencia a una observación ocurrida el 25 de febrero de 1969, cuando un avión comercial divisó un ovni cuando hacía la ruta Palma de Mallorca-Madrid. En el expediente desclasificado en mayo de 1993, faltaría, según los periodistas, parte de las informaciones que en 1976 el Estado Mayor del Aire había entregado a un novelista relativas a este suceso. Si lo normal era pensar que, por alguna causa todavía desconocida, esa parte de la información no se había desclasificado, los manipuladores profesionales lanzaron el infundio de que se trataba de una prueba de la «manipulación». Lo cierto era que había información conocida que no se había entregado a la opinión pública. La solución al misterio surgió cuando Ballester Olmos informó al teniente coronel ENRIQUE ROCAMORA, de la Sección de Inteligencia del MOA, y responsable directo del análisis de los casos previa desclasificación, de la citada falta. Inmediatamente, el teniente coronel inició la búsqueda exhaustiva de esa información hasta dar con ella. En realidad, estaba traspapelada debido a que tiempo atrás se había archivado mal. El motivo de que existieran dos informes del mismo caso es que el primero fue firmado por el teniente coronel ANTONIO CALVO el 17 de marzo como oficial informador, mientras que el segundo, del mismo autor, pero ya como juez informador, fue fechado el 3 de abril. Ambas declaraciones de los pilotos son idénticas. Este segundo informe fue desclasificado en marzo de 1994. Por cierto, la observación de los pilotos consistió en una confusión con el planeta Venus, situado justo al frente del avión, en dirección 282º, a las 22.19 hora peninsular (aunque los pilotos siempre informaron en diferentes ocasiones de la hora Z, 21.19, como es habitual).

El 2 de enero de 1975 un objeto no identificado sobrevoló a baja altura el Polígono de Tiro de Bárdenas Reales (Navarra), siendo contemplado por diversos soldados y suboficiales. Desde la desclasificación del informe oficial en julio de 1994, diversos autores sensacionalistas han acusado públicamente al Mando Operativo Aéreo de manipular el documento 0023 del citado expediente, un escrito firmado el 11 de enero de 1975 por el entonces teniente general CARLOS FRANCO IRIBARNEGARAY, jefe de la Tercera Región Aérea, en el que éste daba su interpretación personal del caso, aclarando los hechos. Documento que a continuación se reproduce:

Pincha para ver la imagen a tamaño realLas principales críticas al documento se han centrado en la tipografía de su redacción. Diversos articulistas insinuaron que el citado documento estaba amañado, argumentando que el documento estaba escrito en una moderna impresora láser o de chorro de tinta. De esta forma, el documento 0023 sería un texto ajeno al expediente y confeccionado recientemente con un ordenador, tal y como parecen indicar algunos peritajes realizados sobre el texto. Si así fuera, ¿por qué se incluyó este documento en el informe desclasificado?, se preguntaban los periodistas del misterio, refractarios a cualquier explicación lógica de hechos supuestamente anómalos.

Al parecer, algunos expertos informáticos consultados habrían afirmado que no existía este tipo de máquinas en España en enero de 1975, acusando seguidamente al Ejército del Aire de falsificar el informe oficial.

Ante tales aseveraciones, el investigador catalán JOAN PLANA CRIVILLÉN procedió a consultar la cuestión del documento 0023 en diversas empresas especializadas en ofimática. Las respuestas fueron unánimes y coincidentes: a) las máquinas de escribir eléctricas aparecieron en el mercado comercial español en los primeros años 70, por lo que enero de 1975 su uso era ya frecuente; y b) el documento 0023 casi con toda seguridad había sido redactado por medio de una máquina eléctrica.

Verificados estos puntos, sólo cabía solicitar explicaciones. Así se hizo a la Jefatura de la Tercera Región Aérea con sede en Zaragoza, sobre si actualmente había forma de confirmar la existencia y uso en enero de 1975 en dicha jefatura de máquinas de escribir eléctricas con las que se hubiera podido redactar el controvertido documento 0023.

La constatación, con fecha 26 de noviembre de 1996 y firmada por EUGENIO VEIGA PITA, general jefe del Mando Aéreo de Levante y de la Tercera Región Aérea, y que seguidamente reproducimos. Quedaba demostrado así el móvil calumnioso de los articulistas de misterios.

Pincha para ver la imagen a tamaño realPor último, citaré las palabras del coronel ANTONIO MUNAIZ FERRO-SASTRE, ex-juez informador de la Zona Aérea de Canarias para incidentes ovni, son el que tuve la oportunidad de conversar en mayo de 1997 en Las Palmas de Gran Canaria. Algunos medios comerciales habían puesto en su boca afirmaciones que era importante contrastar. Entre ellas, la aparecida en Más Allá de 1995, cuando el coronel habría declarado a un columnista de esta publicación que «saben más que lo que dicen», en alusión directa al proceso de desclasificación. Su reacción a tal escrito fue tajante: «Eso no lo he dicho yo». Se daba a entender que el Ejército del Aire está intentando ocultar pruebas importantes sobre los ovnis. Y repitió: «Eso no lo he dicho yo; ni lo creo». Lógicamente, hay más información de lo que ha desclasificado el MOA: nombres de testigos y planos de instalaciones aéreas, que por razones obvias no pueden ser de dominio público.

Una reciente información de otra revista del ramo del misterio, Año Cero, en su número de mayo de este año, afirmaba refiriéndose al coronel Munaiz: «Mostró cinismo y desconfianza respecto a la transparencia de la desclasificación, e incluso se permitió duras críticas contra los ufólogos españoles que han colaborado con el Ejército en la polémica desclasificación ovni». A lo que me comentó: «Es que meten unas cosas... ¡Cómo voy a decir yo, coronel del Ejército del Aire... me voy a meter con el MOA! ¡Por Dios!» Entre gestos de indignación, el coronel Munaiz negó haber hecho tales afirmaciones.

Este tipo de maniobras y falsedades han sido frecuentes en medios sensacionalistas para empañar la labor de algunos investigadores civiles (fundamentalmente Vicente-Juan Ballester Olmos y Joan Plana) y del proceso de desclasificación, que culminó exitosamente en noviembre de 1996, entregando a la opinión pública un total de 75 expedientes que contienen 97 casos ovni, conformando un volumen de unas 1.900 páginas de información, materia prima para los estudiosos guiados por el rigor y la objetividad.

 

* Ricardo Campo Pérez es adjunto de relaciones exteriores del patronato de la Fundación Anomalia.

 

© Copyright 1997 Ricardo Campo Pérez

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