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EL FIASCO DE LA UFOLOGÍA ESPAÑOLA
LUIS ALFONSO GÁMEZ
Habían pasado sólo tres años desde que KENNETH ARNOLD había visto, el 24 de junio de 1947, nueve extraños objetos en las proximidades del monte Rainier (Washington, EE UU) cuando ÓSCAR REY BREA dio con la solución al enigma: los platillos volantes procedían del planeta rojo. Doce años después de la llegada de los marcianos a Estados Unidos de la mano de ORSON WELLES y La guerra de los mundos, el joven ufólogo gallego se contagió de una obsesión que marcaría el quehacer de EDUARDO BUELTA y ANTONIO RIBERA, contemporáneos suyos y pioneros de la ufología española. Marte también cautivó a MANUEL PEDRAJO, un cántabro que en 1954 escribió Los platillos volantes y la evidencia, el primer libro español sobre el tema. Pedrajo, cuya aportación a la ufología ha sido nula, mantenía que los tripulantes de los ovnis eran marcianos que habían sobrevivido al deterioro climático de su planeta. Los platillos volantes aparecían en la obra por todas partes; pero la evidencia brillaba por su ausencia, una evidencia que sí parecía existir en los casos de Rey Brea y Buelta. A decir de sus biógrafos, Óscar Rey Brea se sintió atraído por los platillos volantes «antes incluso de que existieran», ya que observó un ovni en tierras soviéticas en 1943. Aunque «no fue un concienzudo investigador de campo ni un teórico perseverante» [Cabria, 1993], el ufólogo gallego aseguró en 1954 que había descubierto una correlación entre las apariciones de platillos volantes y las épocas de mayor proximidad de Marte y la Tierra. Esta teoría, conocida como del ciclo bienal marciano, fue desarrollada por Rey Brea en diversos artículos periodísticos y por Eduardo Buelta en Astronaves sobre la Tierra, un opúsculo de 28 páginas publicado en 1955. Con el paso de los años, la idea fue asumida por Antonio Ribera, el más importante y respetado de los pioneros. Rey Brea y Buelta consideraban que los habitantes de Marte viajaban a la Tierra cuando ambos planetas se encontraban más próximos, una vez cada veintiséis meses. Sin embargo, mientras Buelta mantenía que las oleadas de observaciones de ovnis se desplazaban hacia el Este y respondían a un programa de exploración con final a plazo fijo, Rey Brea rechazaba los presupuestos de su colega. El ufólogo gallego tuvo que reconocer en 1953 que se había confundido al predecir un aumento en las apariciones de platillos volantes, aunque mantuvo la validez de la teoría bienal hasta su muerte en 1973. Eduardo Buelta, un hombre «intransigente en lo concerniente a sus teorías» [Cabria, 1993], vio en 1961 como su castillo de naipes se venía abajo al haber anunciado la última oleada de ovnis para mayo de ese año, ya que entonces iba a acabar el programa exploratorio marciano. A pesar de que ninguna de las aportaciones de estos autores se sostiene, los ufólogos siguen venerando hoy en día sus figuras como las de valientes pioneros, las de galileos redivivos. El individualismo de los pioneros
La primera organización dedicada la investigación ufológica nació en 1958 en Barcelona. El germen del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) estaba formado por Eduardo Buelta, Antonio Ribera y MARIUS LLEGUET. Los tres estaban convencidos del origen extraterrestre de los platillos volantes; aunque, mientras Buelta y Ribera abogaban por Marte como cuna de los alienígenas, Lleget creía que procedían de fuera del sistema solar. En 1961, Ribera, el divulgador platillista por excelencia, publicó el primer bestseller de la historia de la ufología española. Objetos desconocidos en el cielo era un refrito de ensayos clásicos norteamericanos y franceses, y con el tiempo se transformó en el embrión de El gran enigma de los platillos volantes, la obra más importante del ufólogo catalán. «El enfoque de estos primeros ufólogos nacionales -explica VICENTE-JUAN BALLESTER- era primordialmente de índole autodidacta o individualista, tendiendo más a la satisfacción de su curiosidad intelectual hacia el enigma ovni que a hacer un análisis de conjunto del fenómeno» [Ballester, 1978]. Si por algo se caracterizaron los pioneros, fue por no investigar los sucesos que llegaban a su conocimiento. Asumían los hechos como auténticos, fuese cual fuese la fuente informativa, y los divulgaban en sus libros y artículos. Las primitivas obras de Antonio Ribera son un perfecto reflejo de la historia de la ufología. Su lectura sirve para comprender por qué el edificio platillista se ha venido abajo: los cimientos de la disciplina no se asentaban sobre hechos misteriosos, sino simplemente sobre sucesos mal investigados o tergiversados. A lo largo de su carrera, Ribera ha otorgado credibilidad a sucesos como los de isla Maury, BETTY y BARNEY HILL, TRAVIS WALTON o PRÓSPERA MUÑOZ, así como a misterios prefabricados como el triángulo de las Bermudas. Pero volvamos a la historia. El individualismo y una naciente rivalidad entre Buelta, Ribera y Lleget hicieron que la vida del CEI fuera corta y concluyera en marzo de 1962, con un Buelta iracundo tirando el libro de actas sobre el secretario del grupo. La teoría marciana se había convertido en agua de borrajas un año antes; pero había durado bastante más que la primera asociación de ufólogos. Desde entonces, las agrupaciones platillistas han nacido y muerto por cientos, creadas en la mayoría de los casos por jóvenes adolescentes que, armados con un lápiz, un cuaderno de notas y una máquina de fotos, y casi siempre con el bachillerato como todo bagaje, se lanzaban al mundo dispuestos a resolver lo que la revista Mundo Desconocido llamó en los años 70 «el enigma número uno de la ciencia moderna». Aquellos chalados y sus amigos ummitas Los extraterrestres del planeta Ummo llegaron a la Tierra en marzo de 1950. Al menos, eso es lo que mantuvo hasta su fallecimiento en 1982 FERNANDO SESMA, el contactado que recogió en España el testigo del norteamericano GEORGE ADAMSKI, que fotografiaba tapas de aspiradora y las presentaba como naves procedentes de Venus. Sobre el contactado español, que ha sido tratado con más que respeto por la mayoría de los ufólogos ibéricos, sólo cabe decir que o bien era un chalado o bien un incauto. Sesma creó en 1954 la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio BURU, bajo el lema de «creérselo todo mientras no se demuestre lo contrario» [Cabria, 1988]. Los miembros de la agrupación se reunieron hasta su desaparición en La Ballena Alegre, el sótano del madrileño café Lyon. A comienzos de los años 60, Sesma empezó a recibir misteriosos mensajes e inició una delirante carrera hacia el absurdo. En 1962, dijo haber recibido un llamada telefónica de Saliano, un extraterrestre del paradisíaco planeta Auco que a partir de ese momento estableció una fluida comunicación escrita con los integrantes de la tertulia. Las comunicaciones del alienígena le abrieron al contactado las puertas de la televisión, y el club ufológico de La Ballena Alegre atrajo a multitud de curiosos, bromistas y periodistas. La bomba, sin embargo, estalló en 1966 después de que, otra vez por teléfono, alguien avisó a Sesma de que iba a recibir mensajes alienígenas de diferente origen. A partir de ese momento, el contactado se convirtió en el destinatario de cientos de informes redactados por seres del planeta Ummo, que leía en la reuniones semanales de los seguidores de los platillos volantes. «Ya no eran las sentencias de Saliano, repletas de memeces -dice IGNACIO CABRIA-, sino documentos de un aparente alto nivel científico, técnico y filosófico» [Cabria, 1993]. Los autores de los informes, a pesar de su origen alienígena, apenas se diferenciaban físicamente de los humanos: de apariencia nórdica, sufrían de atrofia de los órganos de fonación, y tenían capacidad dermoóptica en manos y muñecas. Las mentes simples que se daban cita alrededor de Sesma debieron de respirar más tranquilas cuando los extraterrestres se declararon creyentes en la divinidad (woa). La confirmación de la presencia ummita en la Tierra tuvo lugar en forma de aparición de portentosa nave extraterrestre. El 2 de junio de 1967, el diario Informaciones publicó los testimonios de decenas de personas que habían visto, en el barrio madrileño de San José de Valderas, un ovni con el símbolo ummita y parte de las dos series fotográficas que habían inmortalizado la histórica escena.
La aparición de San José de Valderas fue la gota que colmó el vaso del fraude Ummo. El suceso, calificado por Antonio Ribera y RAFAEL FARRIOLS como El caso perfecto [Ribera y Farriols], fue un burdo montaje orquestado por JOSÉ LUIS JORDÁN PEÑA, como todo los informes ummitas. Los análisis de las fotografías demostraron que la nave interplanetaria de San José de Valderas era un plato de plástico suspendido de un hilo [Spaulding y Adrian, 1978] y nadie, excepto Jordán Peña, había sido capaz de hablar con los testigos presenciales. Aunque ufólogos como Ribera acostumbraban a deshacerse en elogios al referirse a todo papel autentificado con la hache barrada ummita, la verdad es que los documentos eran simple y llanamente basura pseudocientífica disfrazada con palabras exóticas como ibozoo uu o uyooaladaa. Todos estos puntos flacos fueron sistemáticamente ignorados por los apóstoles de la ufología espectáculo durante más de un cuarto de siglo. Sin embargo, el tiempo, una vez más, ha dado la razón a los escépticos. El propio Jordán Peña ha confesado recientemente la autoría de los hechos y de los informes pseudocientíficos que hasta hace bien poco causaban el éxtasis entre buena parte de la comunidad platillista española [Jordán Peña, 1993]. Eso, no obstante, no va a evitar que «los de siempre se nieguen a creérselo y digan que Jordán Peña ha sido víctima de los hombres de negro o ha sido torturado por los escépticos», sospecha FÉLIX ARES. Los ovnis en la Universidad La segunda mitad de los años 60 supuso un vuelco en la historia de la ufología ibérica. «Cualquier comentario sobre el panorama ufológico español dice Ballester deberá establecer una separación entre el período anterior y posterior a 1968» [Ballester, 1978]. Una nueva generación de estudiosos se reunió en torno a dos asociaciones: el santanderino Centro Investigador de Objetos Volantes Extraterrestres (CIOVE), fundado por JULIO ARCAS en 1967, y el revitalizado Centro de Estudios Interplanetarios (CEI). Los rimbombantes nombres de ambas agrupaciones revelaban la fe extraterrestre que profesaba la mayoría de sus miembros, una fe que, sin embargo, revestían de ciencia. Algunos de los jóvenes universitarios que se incorporaron al estudio del fenómeno intentaron aplicar el método científico a la investigación de los ovnis. Alejados de la locura extraterrestre de Sesma, irrumpieron en escena Félix Ares, Vicente-Juan Ballester y DAVID GUSTAVO LÓPEZ, entre otros. Siguió habiendo iluminados y charlatanes; pero fueron el trabajo y el entusiasmo de estos investigadores los que establecieron para siempre la diferencia entre una ufología seria y una ufología de feria. Ballester, el más internacional de los estudiosos españoles, comenzó en 1969 a trabajar en la depuración de las observaciones de ovnis a baja altura. Desde entonces, se ha dedicado a reinvestigar cientos de casos, bien directamente o bien a través de corresponsales. Más de dos décadas de listados han demostrado que las apariciones de ovnis inexplicadas tienen su origen, la mayoría de las veces, en investigaciones superficiales o tergiversaciones manifiestas. Cuatro libros y decenas de artículos han convertido al ufólogo valenciano en el baluarte de la ufología científica y en el enemigo número uno -escépticos, aparte- de JUAN JOSÉ BENÍTEZ, el autor sensacionalista por excelencia. Sin embargo, si por algo puede criticarse a Ballester, es por no haber dado todavía el salto que le separa del escepticismo, a pesar de estar desde hace años mucho más cerca de los críticos que de los creyentes. Ares y López fueron, por su parte, los primeros en plantearse, desde dentro del movimiento ufológico, la posible inexistencia de los platillos volantes. Su Estudio de la oleada 1968-69 fue el primer trabajo en el que, después del análisis estadístico de 400 casos, un grupo de ufólogos se planteó la posibilidad de que el fenómeno ovni tuviera una base puramente sociológica [Ares y López, 1970-1971]. Si se exceptúa esta obra, ningún otro trabajo ufológico ha superado el paso del tiempo. Y, como es por todos conocida mi amistad con el primero de los autores, prefiero ceder la palabra a Ignacio Cabria, para quien «El 'Estudio de la oleada 1968-1969' se mantiene aún hoy como un estudio serio e importante, más aún considerado en el momento en que se produjo, pues de una manera original avanzaba toda una serie de cuestiones sobre las que los ufólogos han trabajado con posterioridad» [Cabria, 1993]. Con el tiempo, Ares y López, que colaboraron con Ballester en la depuración de casuística, se apartaron del movimiento platillista. Ya en 1969, Ares se había atrevido a minar las mismas bases del credo ovni. En una reunión con los patriarcas del movimiento, el entonces joven estudiante de ingeniería osó decir que los mitos de la antigüedad no eran de origen extraterrestre; sino que los ovnis eran un puro mito, una adaptación de los sentimientos religiosos a la era tecnológica. El escándalo fue mayúsculo y, como no podía ser de otra manera, Ares acabó impulsando el movimiento escéptico español a mediados de los años 80. La década prodigiosa se cerró con la llegada del hombre a la Luna y un vano intento por formar un Equipo Nacional de Investigadores (ENI). Los selenitas no existían y los ufólogos ibéricos, como sus colegas del resto del mundo, preferieron convertir España en un reino de taifas a trabajar juntos en la investigación del enigma. La década de la 'ufología de feria' La aparición en el mercado de Stendek en 1970 y de Karma.7 dos años después marcó el inicio de una división en el seno de la ufología, que se ha perpetuado hasta nuestros días. El boletín oficial del CEI intentaba aglutinar a los representantes de la ufología seria sin hacer concesiones al sensacionalismo; aunque, todo hay que decirlo, daba una de cal y otra de arena. Karma.7 nacía con el único objetivo de explotar el negocio de lo paranormal y fue, desde el principio, la publicación más delirante de los quioscos españoles. Los años 70 fueron la década de la ufología de feria. Vieron la luz, y desaparecieron, publicaciones como Mundo Desconocido, Contactos Extraterrestres, Paraciencias, Hipergea... La tríada de apóstoles de la ufología espectáculo estaba formada por ANTONIO JOSÉ ALÉS, en la radio; Juan José Benítez, en la prensa, y FERNANDO JIMÉNEZ DEL OSO, en la televisión. Programas como Más Allá o Medianoche fueron los púlpitos desde los que los nuevos profetas predicaron el credo extraterrestre. Amigos entre sí, aunque con ocasionales disputas, Alés perseguía a los ovnis armado con su cámara fotográfica y organizaba Alertas ovni, mientras que Benítez y Jiménez del Oso manifestaban públicamente sus deseos de encontrarse con los alienígenas cara a cara. Al mismo tiempo, los integrantes del CEI intentaban elevar la ufología al rango de ciencia, algo que el tiempo ha revelado imposible. Además de al carácter inaprensible de los ovnis, los ufólogos serios tenían que hacer frente al permanente espectáculo ofrecido por los Alés, Benítez, ANDREAS FABER KAISER y Jiménez del Oso, entre otros. «En los últimos años -escribía MARÍA DEL CARMEN TAMAYO en 1979- han surgido por todas partes una serie de 'expertos en ovnis' que son desconocidos para casi todos los que se dedican con mayor o menor interés a este tema, y que muestran una especial complacencia por aparecer en los periódicos» [Tamayo, 1979]. La ruptura definitiva entre ambos grupos de ufólogos se produjo al final de la década. Las críticas de David Gustavo López a los congresos organizados para mayor gloria de los charlatanes de turno pusieron a los miembros del CEI en el ojo del huracán, y los ataques contra la emblemática institución fueron sistemáticos. Juan José Benítez acuñó entonces el término de ufólogos de salón para referirse a todos los que no compartían sus ideas, y no faltaron charlatanes que acusaron a Ares y López de estar a sueldo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). La experiencia por kilómetros
Antonio Ribera había publicado media docena de libros sobre ovnis cuando fue a entrevistarle un joven periodista de La Gaceta del Norte. Aquel encuentro supuso un punto y aparte en la vida de Juan José Benítez, que vio en los ovnis el filón que le iba a permitir cobrar notoriedad y ganar un dinero impensable para un reportero de provincias. La oportunidad surgió en 1974 en forma de viaje a Perú para dar noticia a los lectores del rotativo bilbaíno de las andanzas de los miembros del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI), un grupo de fanáticos que decía mantener contacto con seres extraterrestres. En tierras sudamericanas, Benítez se cayó del caballo de la incredulidad después de ver dos naves de Ganímedes en pleno desierto peruano «y un profundo miedo y una profunda alegría y una profunda angustia llenaron todo mi ser» [Benítez, 1975]. La obra en la que narra su experiencia, Ovnis: SOS a la humanidad, se convirtió con los años en el libro de cabecera de EDUARDO GONZÁLEZ ARENAS, líder de la secta Edelweiss. La carrera del periodista navarro se vio definitivamente impulsada hacia el estrellato en 1976 cuando el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire le entregó unos documentos reservados sobre avistamientos de ovnis. Ni corto ni perezoso, Benítez publicó los informes y se los atribuyó falsamente al Gobierno español para así conseguir todo un éxito de ventas, Ovnis: documentos oficiales del Gobierno español. Con el paso de los años, Benítez se dedicó a escribir, con un estilo novelado, libros sobre casos que sólo él conoce. Ignorante de la literatura ufológica internacional, el novelador navarro ha sido capaz de ir más allá que Fernando Sesma en su delirio platillista. Benítez opta siempre por creérselo todo, aunque se demuestre lo contrario. Casi nunca se cuestiona la verosimilitud de un suceso, por sorprendente que sea, y así confunde un misil con una nave extraterrestre, el canto de un sapo con el ruido de un platillo volante o las luces de un coche con un ingenio alienígena. Sus meteduras de pata se cuentan por decenas. Es, posiblemente, la fuente de información ufológica menos fiable desde Fernando Sesma y, consciente de ello, evita sistemáticamente desde hace años todo debate público con Ballester o cualquier escéptico. Y es que, cuando Ares organizó un experimento para comprobar si las observaciones de ovnis podían ser inducidas por los medios de comunicación, Benítez dio un soberbio patinazo. Un equipo de ufólogos orquestó en diciembre de 1978 una auténtica campaña de motivación y sensibilización de la prensa guipuzcoana, y creo un falso ovni con un juego de luces y flases en las inmediaciones de Irun el 4 de enero de 1979. Aunque el resultado fue sorprendente -la gente vio un objeto que volaba a gran velocidad y algunos testigos hasta vieron como el ingenio aterrizaba [Colectivo Iván, 1980]-, lo realmente significativo fue que Benítez investigó el suceso y llegó a la conclusión de que aquel día varios ovnis «-silenciosos, luminosos y veloces como el viento- fueron observados por los testigos desde las Peñas de Aya, desde el faro de Fuenterrabía y desde la plaza de San Juan de Irun, así como desde otras zonas de la población y alrededores. Fue toda una oleada ovni» [Varios Autores, 1980]. Sin comentarios. Por desgracia, la cuarta y última generación de ufólogos españoles ha tomado como maestro a Juan José Benítez, un individuo que mide la experiencia por kilómetros y que se alejó de los ovnis durante la sequía de apariciones de los años 80 para dedicar su atención a lucrativos campos como el sudario de Turín o la teología light de la serie Caballo de Troya. La 'sequía' de la época socialista El sorprendente espectáculo de Canarias de marzo de 1979 y la observación de un ovni por parte del pasaje de un vuelo comercial entre Mallorca y Alicante en noviembre del mismo año parecían augurar un resurgir del tema ovni en los años 80. No fue así. Stendek y Mundo Desconocido desaparecieron en diciembre de 1981 y noviembre de 1982, respectivamente, y la década estuvo marcada por una sequía ufológica sin precedentes, que sin duda influyó en el modo de pensar de los jóvenes que se habían sumado al movimiento platillista en la segunda mitad de los años 70. Los miembros de la tercera generación -MANUEL BORRAZ, JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ, JUAN MARCOS GASCÓN, LUIS R. GONZÁLEZ, Ignacio Cabria, JOAN PLANA y el autor, entre otros- colaboraban con Ballester en la depuración de casos antiguos e intentaban seguir la estela de los jóvenes de 1968; pero necesitaban una revista para informar de sus investigaciones e intercambiar ideas. La salvación de la llama ufológica fue obra de JOSÉ RUESGA, que en enero de 1983 publicó en Sevilla el primer número de Cuadernos de Ufología (CdU). El nuevo boletín se convirtió pronto en el foro de debate de los representantes de la ufología seria y, paradójicamente, fue en sus páginas donde comenzó a gestarse el movimiento escéptico español hacia 1984. La excesiva condescendencia que Ruesga mostraba hacia los adalides de la ufología espectáculo llevó a un grupo de colaboradores de CdU a crear Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP), ya que el boletín de la ufología científica había empezado a hacerse eco de secuestros extraterrestres y otros hechos sorprendentes narrados por personas poco creíbles. Necesidades de mercado habían hecho que en las páginas de CdU comenzaran a aparecer trabajos delirantes junto a informes exhaustivos. ARP, que en un principio se llamó Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO), nació en febrero de 1985 en Vitoria durante una reunión de ufólogos vascos de la tercera generación con Félix Ares y JESÚS MARTÍNEZ. El nacimiento de La Alternativa Racional (LAR), la primera revista española que publicó un trabajo de PHILIP KLASS, precedió en poco tiempo al de publicaciones como Año Cero, Más Allá o Espacio y Tiempo, y además acabó con el bipartidismo existente en el movimiento ovni. A los ufólogos serios y los ufólogos de feria, había que sumar ahora los críticos, los detractores que habían surgido del mismo seno del movimiento platillista. «Nuestros escépticos nacionales escribe Ignacio Cabria en su historia de la ufología española son un buen baluarte contra la obsesión de lo oculto que asola los tiempos que sobrevivimos y un punto de apoyo imprescindible ante tanta presión de misterio que nos rodea y, por ello, su continuidad en la investigación de los ovnis es imprescindible, aunque no sea más que como 'control de calidad' científico de las investigaciones realizadas desde el sector ufológico» [Cabria, 1993]. No hay que sorprenderse de que Cabria valore positivamente la labor de los escépticos, ya que él mismo considera que los ovnis son un mito de nuestro tiempo generado por ufólogos, contactados y medios de comunicación. Entonces, ¿por qué no se define como escéptico? Quizá -y la explicación puede extenderse a la actitud de otros estudiosos- porque tiene ya un nombre dentro del movimiento ufológico y porque ha dedicado mucho tiempo al estudio de los ovnis como para tirarlo todo por la ventana de repente. La última degeneración La invasión ocultista de la segunda mitad de los años 80 convirtió lo paranormal en un buen negocio, y algunos jóvenes aficionados al esoterismo vieron en el periodismo especializado -por llamarlo de alguna manera- una salida laboral en una España sacudida por el paro. Las firmas de MANUEL CARBALLAL, BRUNO CARDEÑOSA, JOSEP GUIJARRO y JAVIER SIERRA, entre otros, se han hecho conocidas a través de las páginas de publicaciones tan demenciales como Karma.7, Año Cero o Más Allá. Los miembros de la cuarta generación de la ufología ibérica siguen los pasos del peor periodismo, el que elimina aquellos argumentos que no están de acuerdo con sus intereses comerciales.
Manuel Carballal admite que el contactado suizo BILLY MEIER ha hecho maquetas de platillos volantes; pero, al mismo tiempo, dice que «requiere un gran esfuerzo imaginar que los cientos de fotografías y filmaciones presentadas por Meier hayan sido realizadas por este campesino suizo, manco, de escaso nivel cultural y tan precarios medios económicos» [Carballal]. Bruño Cardeñosa investiga los avistamientos ibéricos del 2 de febrero de 1988 y descubre siete ovnis estrellados y la clave de la segunda venida de Jesucristo; y todo eso a partir del paso de un simple bólido [Cardeñosa, 1991]. Josep Guijarro asegura que se dedica a la investigación seria del fenómeno; pero participa activamente en las romerías de Montserrat organizadas por el contactado catalán LUIS JOSÉ GRIFOL. Y Javier Sierra mantiene que «la ufología está seriamente amenazada por las 'noticias basura'» [Sierra, 1991]; pero él mismo se dedica a hacerles toda la publicidad posible a los hermanos BONGIOVANNI, unos contactados italianos de Fraternidad Cósmica que fijaron el fin del mundo para septiembre de 1991. Además de la debilidad por aparecer en las fotografías que ilustran sus reportajes, los nuevos ufólogos españoles tienen en común dos características: viven de lo paranormal y nunca explican un suceso convencionalmente. Y es que la propia profesión de periodista esotérico obliga a Carballal, Cardeñosa, Guijarro y Sierra a no intentar siquiera aclarar los sucesos. Me explico. Si uno vive de los artículos sensacionalistas que escribe, si uno cobra decenas de miles de pesetas por cada original sorprendente que entrega en la redacción, para qué va a molestarse en investigar nada. La cuarta generación de ufólogos ha ido más allá que ninguna de sus predecesoras -Javier Sierra, el líder del grupo, ha llegado a escribir un libro titulado Técnicas de contacto extraterrestre-, a costa de dejar en el camino el espíritu crítico. Sin duda alguna, esta última generación está formada por los peores investigadores de la historia de los ovnis en España. ¡No son capaces de explicar ni un sólo caso! ¡Viven en el País de las Maravillas! Y los ovnis... Y los ovnis, ¿existen? Esta pregunta tiene una doble respuesta, afirmativa y negativa a la vez. Los ovnis existen, al igual que la divinidad, el diablo, las hadas o los hombres-lobo. Los extraterrestres son los dioses de la religión de la era espacial, seres todopoderosos que, a bordo de platillos volantes, vienen a salvarnos del desastre nuclear desde lugares tan distantes e inhóspitos como las Pléyades, Venus o Io. El resto es un cuento de niños. Los ovnis no existen materialmente como naves tripuladas por seres extraterrestres. Después de miles de casos y cientos de fotografías, los ufólogos no han encontrado todavía la prueba de cargo; aunque, de vez en cuando, alguno de ellos asegura tenerla. LUIS HERNÁNDEZ FRANCH recuerda un episodio de este tipo ocurrido en el programa La Clave, de TVE, en 1979 [Hernández Franch, 1984]. Juan José Benítez anunció, en un momento determinado del debate, que obraban en su poder fotografías que eran la prueba definitiva de la visita de naves extraterrestres. Cuando JOHN L. ACUFF, presidente del norteamericano Comité Nacional de Investigación de Fenómenos Aéreos (NICAP), recriminó al reportero por guardarse para sí uno de los documentos más importantes de la historia de la humanidad, Benítez dijo que la investigación todavía no había concluido. ¿Ha acabado 14 años después? Me temo que sí; pero que no ha dado los resultados deseados, como no los han dado 47 años de investigación ufológica española.
Referencias Ares, Félix; y López, David Gustavo [1970-1971]: Estudio de la oleada 1968-1969. Edita Eridani AEC + CEI Madrid. Madrid. 274 páginas. Ballester, Vicente-Juan [1978]: Ovnis: el fenómeno aterrizaje. Prologado por Jacques Vallée. Editorial Plaza & Janés (Col. «Otros Mundos»). Barcelona. 382 páginas. Benítez, Juan José [1975]: Ovnis: SOS a la humanidad. La insólita experiencia de un periodista español en Perú. Editorial Plaza & Janés (Col. «Otros Mundos»). Barcelona. 232 páginas. Cabria, Ignacio [1988]: «Sesma, Saliano, Ummo y la Ballena Alegre. Una historia del contactismo español». Cuadernos de Ufología (Santander), Nº 3 - 2ª Época (Septiembre), 34-66. Cabria, Ignacio [1993]: Entre ufólogos, creyentes y contactados. Una historia social de los ovnis en España. Edita Cuadernos de Ufología. Santander. 306 páginas. Carballal, Manuel [1991]: «Eduard Meier, el contactado de las Pléyades». Más Allá (Madrid), Número Extra (Septiembre), 144-153. Cardeñosa, Bruno [1991]: «Se multiplican en España contactos y avistamientos de ovnis». Más Allá (Madrid), Número Extra (Septiembre), 106-113. Colectivo Iván [1980]: «Proyecto Iván». Stendek (Barcelona), Nº 39 (Marzo), 38-43. Hernández Franch, Luis [1984]: Los ovnis desmitificados. Informes I y II. Edición del Autor. Bilbao. 172 páginas. Jordán Peña, José Luis [1993]: «Ummo: otro mito que hace 'crash'». La Alternativa Racional (Zaragoza), Nº 29 (Verano), 18-21. Ribera, Antonio; y Farriols, Rafael [1973]: Un caso perfecto. Editorial Plaza & Janés (Col. «Otros Mundos»). Barcelona 1976. 245 páginas. Sierra, Javier [1991]: «'Noticias basura' sobre los extraterrestres». Más Allá (Madrid), Número Extra (Septiembre), 38-43. Spaulding, William; y Adrian, Fred [1978]: «Análisis por computador de las fotos de San José de Valderas». En Varios Autores: Los ovnis en España. Selección de Stendek II. Editorial 71/2 (Col. «Sí: Están»). Barcelona. 316 páginas. Tamayo, María del Carmen [1979]: «Investigadores de campo y 'expertos'». Stendek (Barcelona), Nº 37 (Septiembre), 1. Varios Autores [1980]: El mundo de los ovnis. Ediciones Riego. Madrid. 2 Volúmenes. 600 páginas.
Agradecimientos Agradezco a Félix Ares, colega en la lucha contra la pseudociencia y, ante todo, amigo, el tiempo que ha dedicado a leer este original y sus acertadas sugerencias, como buen conocedor que es de la historia de la ufología española. Cualquier error en la versión definitiva de este texto es responsabilidad exclusiva del autor.
Comunicación presentada en el I Congreso Nacional sobre Pseudociencia, celebrado en Zaragoza en diciembre de 1993.
© Copyright 1997 Luis Alfonso Gámez |