PEQUEÑOS HOMBRECILLOS GRISES

El Comité de Expertos del Círculo de Amigos de Expediente X está formado por individuos cuya credulidad deja en pañales la de Fox Mulder y cuya falta de escrúpulos rivaliza con la del 'hombre que fuma'

 

LUIS ALFONSO GÁMEZ

 

Han hecho de todo. Desde saltarse a la torera la legislación internacional sobre el copyright para publicar unas llamativas fotografías en sus revistas sin ningún tipo de permiso hasta meterse en armarios ajenos para sacar a la luz pública la presunta vida sexual de una de sus víctimas. Son los miembros del Comité de Expertos del Círculo de Amigos de Expediente X, un grupo de cultivadores de lo esotérico que cree en lo increíble, hace gala habitualmente de pocos escrúpulos y llega a utilizar métodos de intimidación que poco tienen que envidiar a los que atribuye el televisivo Fox Mulder a las más siniestras agencias gubernamentales. Como los malos de la ficción, su objetivo es mantener engañada a la opinión pública.

A JOSÉ ANTONIO CAMPOY, BENITO MANUEL CARBALLAL, BRUNO CARDEÑOSA, JOSEP GUIJARRO, JAVIER SIERRA y ENRIQUE DE VICENTE, les importa un bledo la verdad que buscan ahí fuera semanalmente los agentes del FBI. Quizás al principio se adentraron en el estudio de los llamados fenómenos paranormales con fines altruistas, pero en la actualidad no quieren encontrar explicaciones, sino buenos negocios. Como no podía ser de otra manera, el grupo orbita alrededor de Más Allá y Año Cero, dos de las revistas más mentalmente embrutecedoras que puede uno encontrar en el quiosco ibérico. Basta decir que, con Campoy como director, Más Allá ha apostado por apoyar al cirujano psíquico STEPHEN TUROFF tras su aparición en el programa televisivo coordinado, entre otros, por Javier Sierra; ha llevado a la portada los delirios de JOAQUÍN GRAU sobre la posibilidad de que los coches tengan alma, o ha cedido sus páginas a los hermanos BONGIOVANNI para que hagan publicidad de su secta. De Vicente, máximo responsable de Año Cero, se ha preguntado en la portada de su colorista revista si están vivos los unicornios; ha alertado sobre el peligro de que Japón se convierta en «el nuevo dueño del mundo», y nos ha informado acerca de cómo actúan los ángeles, entre otras lindezas.

Por si alguien dudaba todavía de la honradez de Enrique de Vicente, éste puso hace más de un año las cosas en su sitio al reconocer abiertamente que se había hecho de forma ilícita con fotografías propiedad del productor británico RAY SANTILLI. Es decir, que había pasado de la legislación internacional sobre los derechos de autor y había sustraído la propiedad intelectual de otros; algo aleccionador en el director de una revista. Naturalmente, De Vicente delinquió por una noble causa, como siempre hacen estos expertos. ¿Que cuál fue la noble causa? Explotar al máximo el montaje de la autopsia del marciano.

Escondido en el armario

Por la misma razón, Javier Sierra no dudó en recurrir a titulares dignos del desaparecido Noticias del Mundo a la hora de vender el fraude de Santilli en las páginas de la revista de Enrique de Vicente. Sierra llegó en su día a esconderse en un armario para conocer detalles de la vida sexual de JOSÉ LUIS JORDÁN, el creador del fraude Ummo. Tal intromisión en la vida privada de una persona no mereció las críticas de sus colegas, sino al contrario. «Una grabación oculta realizada por un joven investigador español dio el fruto esperado: Jordán Peña declaraba ser el culpable [del fraude ummo], charlando animadamente con una de estas 'captadas', sin apercibirse de la cámara escondida. Esa cinta desencadenó el último informe y la confesión. Además, el mismo documento revelaba la oscura trama urdida por el psicólogo para enviar correspondencia ummita al mismo tiempo que satisfacía oscuros instintos», se ha jactado IKER JIMÉNEZ en Enigmas.

Pero las tropelías de Sierra no se limitan a espiar desde el interior de armarios. En 1995, por ejemplo, se dedicó durante meses a teñir del amarillo más chillón posible la portada de Año Cero, para gozo de De Vicente y desgracia de su competencia. Mientras Internet se llenaba de testimonios de expertos que sacaban a relucir los múltiples defectos de la película de la autopsia del marciano, el joven ufólogo alicantino se tapaba los oídos y los ojos, y, en aras del negocio, se dedicaba a decir estupideces del calibre de que los extraterrestres «¡estaban vivos!» y de que Roswell había sido «un watergate cósmico». ¿Se lo creía? No. De eso, estoy prácticamente seguro.

Lo que sí, al parecer, se cree Sierra, además del dogma de fe de que una nave alienígena se estampó en 1947 en Nuevo México, es una tontería aún mayor, que el transistor se desarrolló a partir de tecnología del presunto platillo volante estrellado. Y da la impresión de que se lo cree a pies juntillas, ya que ésta es una de las principales revelaciones de Roswell. Secreto de Estado, libro con el que ha redondeado el negocio iniciado en las páginas de Año Cero.

La fuente de información de Sierra no es otro que STANTON T. FRIEDMAN, uno de los más delirantes ufólogos norteamericanos. «Los comentarios de Friedman -dice- me desconcertaron. Sobre todo cuando, tras una serie de rápidas comprobaciones, confirmé que, efectivamente, en 1948 JOHN BARDEEN, WALTER H. BRATTAIN y WILLIAM B. SHOCKLEY desarrollaron el primer transistor, recibiendo por ello el premio Nobel en 1956 y abriendo las puertas a la era de la microelectrónica. Lo más curioso del caso es que los tres tuvieron conexiones políticas y con los servicios de inteligencia al más alto nivel. Bardeen, por ejemplo, fue asesor científico del presidente EISENHOWER, mientras que Brattain fue contratado durante la II Guerra Mundial por el servicio de investigaciones de armas secretas. Shockley, el mayor de los tres y responsable último del proyecto, estuvo siempre muy próximo a los servicios de inteligencia de la Marina y su posición le convertía en un científico idóneo para recibir las piezas de Roswell para su eventual manufacturación».

En opinión de Friedman, la implicación extraterrestre en el desarrollo del transistor queda demostrada por el hecho de que «el nacimiento oficial del transistor se produce el 23 de diciembre de 1947», seis meses después del accidente de Roswell. La memez de Friedman, para quien en medio año hay tiempo suficiente para entender la tecnología alienígena, adaptarla a las necesidades terrestres y probarla satisfactoriamente, no hace que suene la alarma en la cabeza de Sierra. En vez de pararse a pensar, el joven ufólogo prefiere especular sobre las implicaciones de los científicos de turno con los servicios secretos. Oculta a sus lectores el importante detalle de que el invento del transistor se produce en plena guerra fría y que, además, el desarrollo inicial de cualquier tecnología que pueda tener aplicaciones militares siempre está rodeado de medidas de seguridad.

¿A qué achaca Sierra el secretismo que rodeó el proyecto Manhattan? Aunque dio sus frutos dos años antes de los presuntos hechos de Roswell, posiblemente lo relacione con mamporros de naves marcianas y pase por alto que por aquellas fechas se estaba desarrollando una guerra de alcance mundial. Es el problema de la mayoría de los ufólogos: el árbol no les deja ver el bosque. Los relatos de platillos les impiden darse cuenta de que están ante un mito y no ante naves alienígenas de tuercas y tornillos.

La coacción por sistema

«Desearía ponerme en contacto con personas en España que contacten con extraterrestres. Yo también creo contactar y oír voces en mi cabeza que me dan un mensaje de amor y paz. Escribid a: F. ARES DE EPI. Avda... o llamad al siguiente teléfono: (9...) 4...» Este anunció se publicó en septiembre de 1993 en la sección de contactos entre los lectores de la revista Más Allá. La dirección y el teléfono que aparecían no eran los de ningún chalado, sino los del entonces presidente de ARP, FÉLIX ARES DE BLAS, blanco de una venganza orquestada por algunos destacados miembros del Comité de Expertos del Círculo de Amigos de Expediente X. Los ufólogos consiguieron incomodar a Ares con insistentes llamadas de iluminados y de alguno de ellos mismos intentando disimular la voz.

Todo había comenzado un año antes, cuando la Universidad Complutense de Madrid había organizado un cursillo de verano dedicado a los platillos volantes por iniciativa de JUAN JOSÉ BENÍTEZ. Los invitados eran conocidos no por su rigor, sino por todo lo contrario, por su debilidad por disfrazar de misterio los hechos más peregrinos. Basta decir que entre los participantes estaban, además de los De Vicente, Sierra o Carballal, el psiquiatra FERNANDO JIMÉNEZ DEL OSO o el ex-hostelero suizo ERICH VON DÄNIKEN, más conocido por inventarse enigmas del pasado que por sus negocios turistícos. Tal despropósito fue denunciado por ARP y por profesores de la propia institución ante las autoridades universitarias, que auspiciaron un ciclo paralelo, en el que intervinieron Félix Ares, JAVIER ARMENTIA y PHILIP KLASS.

Aunque esto ya era suficiente para merecer alguna venganza por parte de la guardia pretoriana de Benítez, la gota que colmó el vaso fue la repercusión pública que tuvo la presencia de los escépticos en la universidad para pronunciarse sobre un asunto tan turbio como el de los platillos volantes. Las declaraciones de Ares y Armentia recibieron más amplio eco que las de los ufólogos, que se quejaron en sus revistas de que eran víctimas -como siempre- de una conspiración.

Sin embargo, el único perjudicado en toda esta historia fue Ares, que un año después vio publicado el mensajito de marras en Más Allá. La revista dirigida por José Antonio Campoy y en la que colaboraba Javier Sierra dijo no hacerse responsable del uso que hicieron de la sección de contactos entre sus lectores. Pero cuesta creer que ni Sierra ni Campoy se extrañaran de que existiera un tal F. Ares de Epi. Si no fueron ellos -vamos a concederles el beneficio de la duda-, ¿quién fue el que urdió la venganza? Una pista: jugar con el segundo apellido de Ares -De Blas- y convertirlo en De Epi -en alusión a los personajes de Barrio Sésamo- es un chiste con el que Carballal había intentado en varias ocasiones en El Escorial ridiculizar al entoces presidente de ARP. Por si fuera poco, quienes cogieron el teléfono en casa de la familia Ares durante los meses de tortura reconocieron en varias ocasiones la propia voz de Carballal. Este tipo de coacciones -que obligaron a Ares a cambiar de teléfono- son las que emplean habitualmente quienes acusan a ARP de ser una secta.

Ufólogos como Carballal son la demostración viva de que no hay que fiarse de las apariencias. El joven gallego, que desde hace unos años publica un boletín llamado El Ojo Crítico -con el que intenta hacerse pasar por escéptico-, no muestra ningún pudor a la hora de poner a sus obras llamativos títulos que no tienen nada que ver con su contenido para venderlas mejor. Así, uno de los últimos productos de su factoría, avalado por Jiménez del Oso, se titula Ovnis y pilotos; pero no habla ni de lo uno ni de lo otro, sino de proyectos aeronáuticos terrestres más o menos secretos.

Hasta el propio JOSEP GUIJARRO calificó en su día el título de esta obra de «anzuelo», aunque añadió que el autor era «ajeno» al engaño. ¿De veras cree Guijarro que su colega ígnoraba el título del libro hasta que se lo encontró en un quiosco? Obviamente, no. Del mismo modo que sabe que Sierra nunca se creyó la historia de la autopsia del marciano y que la apoyo en Año Cero solo por razones económicas. Pero supongamos, en un alarde de ingenuidad, que al perspicaz Carballal su editor, Jiménez del Oso, le tomó el pelo. ¿Por qué sigue colaborando con él? ¿Por qué es una de las firmas fíjas de Enigmas? Quizá, porque nunca existió la faena con la que su fiel Guijarro quiso exculparle públicamente.

Platillos inventados

Un globo estratosférico de grandes dimensiones provocó la alarma entre gran parte de la población del País Vasco y Cantabria en la tarde del 1 de diciembre de 1994. Dos meses después, en la revista Más Allá, Guijarro convirtió el avistamiento en dos observaciones diferentes y, para colmo, no dio una con las fechas. El ufólogo catalán, que dice ser periodista, no se ha dado cuenta todavía de que el diario de hoy publica lo que fue noticia ayer. Sólo así se explica que hable de un «avistamiento masivo ocurrido el 2 de diciembre» cuando el suceso -yo fui uno de los miles de testigos- tuvo lugar el día anterior.

La falta de información de Guijarro es tal que llega a afirmar que el ovni se vio en Bilbao el día 1 y en Santander veinticuatro horas después. La realidad es que el globo estratosférico que provocó la noticia sólo fue visible el 1 de diciembre durante poco más de una hora, hasta que dejó de reflejar la luz del sol. No hubo ninguna observación al día siguiente. Quien diga eso miente o está mal informado. Ahora me explico lo que hace falta para crear una oleada. Basta con un ufólogo mal informado, algo habitual en el gremio. ¿Cuántas veces habrán multiplicado los expertos un caso para convertirlo en oleada? No me gusta ser malpensado, pero yo vi un ovni y, según Guijarro, que estaba a cientos de kilómetros y no ha investigado el caso, fueron dos.

El afán multiplicador del platillólogo de Más Allá es sólo equiparable al de Bruno Cardeñosa, el más joven de ese grupo de expertos, que -como denunció hace tiempo LUIS R. GONZÁLEZ- investiga los avistamientos ibéricos del 2 de febrero de 1988 y descubre siete ovnis estrellados y la clave de la segunda venida de Jesucristo; y todo eso a partir de un simple bólido. Hace unos meses, no dudó en incluir el ovni de Cantabria y Euskadi multiplicado por Guijarro en una relación de visitas alienígenas -le convendría ver cómo era el globo que filmó Euskal Telebista- y recurrió a una foto del ingenio aeronáutico que sobrevoló Pamplona durante el último congreso de ARP para ilustrar otro reportaje sobre marcianos verdes. ¡Más vale que Cardeñosa aprenda pronto en la Universidad que los titulares periodísticos deben corresponderse con la realidad! Ya sé que sus colegas de generación ufológica hacen todo lo contrario -tergiversan la realidad para que se parezca a sus sensacionalistas titulares-; eso no es periodismo, sino amarillismo.

Sinceramente, uno no se explica cómo Twentieth Century Fox Entertainment España ha depositado su confianza en un colectivo que, además de su infinita credulidad, arremetió contra Expediente X durante su primera temporada. Javier Sierra, por ejemplo, ha pasado de criticar las andanzas de Fox Mulder y Dana Scully, por considerarlas producto de la manipulación del Gobierno estadounidense, a convertirse en asesor a sueldo de la productora. Si yo fuera un conspiranoico, acusaría a Sierra y compañía de haberse vendido a los servicios secretos de turno y.... Pero no, no soy tan estúpido como para pensar que una central de inteligencia puede contratar a gente tan mediocre ni tan tonto como para olvidarme de qué es lo que mueve a los mercenarios de lo paranormal.

El grupito de especialistas capitaneado por Sierra, todo un sindicato de la sandez, confunde seguir una interesante serie televisiva de intriga con creer en los fenómenos paranormales. Y así, en su primera comunicación a los fans de Expediente X, se felicita del éxito de la iniciativa: "Estamos de enhorabuena!... ¿Por qué?. Sin duda, porque sobre la opinión de los escépticos en materia de fenómenos ufológicos y paranormales, pesa la fuerza de los más de quince mil Amigos del Círculo que somos en toda España» [he respetado la puntuación].

Esta es la primera frase de una carta, en la que la deficiente puntuación -las comas caen sin orden ni concierto y los puntos se duplican- delata las limitaciones de sus autores. ¡Una pena! Por cierto, ¿a qué viene esa referencia a los escépticos?, ¿tanto miedo nos tienen?

 

© Copyright 1997 Luis Alfonso Gámez

volver